—Belén, por favor… — ¿Por qué estaba suplicando? Ni siquiera lo sabía.
—¿Por qué no quieres bailar conmigo? —Hizo un puchero, acercándose demasiado, las manos en mi pecho—. ¿Es que no soy lo bastante guapa para bailar contigo?
—No es… Eres hermosa, ¿vale? Eres preciosa. Pero estás borracha y tenem