Todo esto rompió por completo las frágiles defensas mentales del señor Fuentes.
—¡Qué cobarde!
El señor Bravo miró fríamente al señor Fuentes, con desprecio en su rostro.
Al principio, pensó que el señor Fuentes tenía el coraje suficiente para enfrentarse a Christian, probablemente alguien rebelde y con determinación. Pero nunca se imaginó que su oponente resultaría ser alguien que se doblega ante la adversidad.
En el mundo del hampa, siempre se ha respetado a los hombres de temple fuerte. Si el