Christian tenía claro en su mente que Andrea era una persona inteligente y debería saber qué hacer.
—Andrea, por el favor de Carmen y Marta, esta vez te dejaré pasar—dijo Christian. —Pero si llegas a revelar algo sobre el Manual de la Dama Misteriosa, no importa dónde te escondas, no te perdonaré jamás—Christian habló fríamente mientras retiraba su mano que sujetaba el cuello de Andrea, liberándola.
—Puedes estar tranquilo, no diré nada—respondió Andrea aliviada, sintiendo como si se hubiera qui