Lucía miró furiosamente a Andrea, pero esta última no se echó atrás y se mantuvo firme. Las dos mujeres se miraban fijamente, como si entre sus ojos chisporroteara una intensa fricción, sin ninguna dispuesta a ceder ante la otra.
Luego, ambas dirigieron su mirada al gerente de la farmacia, interrogándolo: —Gerente, ¿van a vender o no?—el gerente de la farmacia quedó completamente desconcertado, paralizado como un pájaro asustado. Las identidades nobles de Lucía y Andrea eran más de lo que él pod