—Señor Castro, hoy he sido afortunado de recibir tu enseñanza. Sin duda, lo guardaré en mi memoria y te lo devolveré en el futuro cuando tenga la oportunidad—dijo Fernando mientras se sostenía el pecho y se levantaba del suelo tambaleándose, con odio en su rostro.
—¡Espera a tener la habilidad para hacerlo!—se burló el señor Castro.
La cultivación de Fernando acababa de alcanzar el nivel inicial de Rey de Batalla, lo que significaba que todavía tenía una brecha significativa con respecto al seño