Los meses transcurrían y Michel decaía más y más cada día, mi miedo de perderlo crecía con las horas y los días, un día su cuerpo no pudo más llame a los médicos, mandé acondicionar una habitación especial para nosotros, no pensaba separarme de él ningún segundo, había tres enfermeras y el doctor que venía todos los días a verlo.
—Dasha siento que ya no puedo más—. Me dijo en un día lluvioso, era como si el cielo había confabulado con él. —Quiero que seas feliz mi amor, sé que un día llegará un