Mundo de ficçãoIniciar sessãoSarah
Philip me arrastró a su oficina privada y me presionó contra la puerta, estampando sus labios contra los míos en un beso apasionado. Sus manos me sujetaron firmemente por los hombros, impidiéndome mover.
—¡Philip, espera! —protesté, pero me ignoró. Me levantó sin esfuerzo y me sentó en su gran escritorio, dejando que mis piernas colgaran del borde.
—¡







