«CAPÍTULO 56»
Aquel viento helado que recorrió mi espina dorsal en el justo momento en que las palabras de MacKenzie golpearon mis oídos, lograron que cada vello de mi piel se erizara rápidamente. Como pude me acomodé la falda de mi vestido, entre tanto, Bruno cerraba la cremallera de su pantalón, apenas salimos de la habitación, un ambiente tenso nos envolvió a ambos, mi cuñada caminaba delante de nosotros, mientras que el señor Harper y yo, la seguíamos en silencio.
Antonia nos fulminó con la