CAPÍTULO 53
—¿De qué me perdí?
Cuestioné, mientras Carolina tornaba sus ojos.
—Nada que te importe, metiche.
Escupió la rubia, logrando que April abriera los ojos de golpe.
—Te hice algo, ¿o cómo?
—¿De qué hablas?
Volvió a hablar, pero esta vez fulminándome con la mirada.
—Seré directo, señorita…—Troné los dedos para recordar su apellido—, Montenegro… ¿Estás en contra de que salga con tu amiga?
Esta bufó sonriendo llena de sarcasmo.
—Eres una peste, Bruno Harper… —Escupió, haciendo que mi pecho