CAPÍTULO 49
Apenas el castaño abrió la puerta de mi casa, un olor a podrido nos golpeó con fuerza, mis ojos se abrieron al ver el desorden en la sala, había restos de comida en el suelo, mis zapatos deportivos sobre el sofá, y ni hablar de la basura que me había prometido tirar desde hace algunos días. Bruno me observó sin ni siquiera decir una sola palabra. Solo observaba el panorama, quizás horrorizado al igual que yo.
Es que si bien, esta era la segunda vez que mi novio venía a mi casa, pero