CAPÍTULO 28
Bruno Harper.
¡Maldición!
Golpeé mi escritorio lanzándole una patada apenas entré a mi oficina una vez llegué de la casa de April Parker. Mis manos se hicieron puño sobre el borde de la mesa, entre tanto mi respiración empeoraba. Mi vista se sentía nublosa, y no quería entrar en pánico, sin embargo, mi cuerpo estaba llegando a su límite. Odiaba con toda mi alma sentirme de esta manera, necesitado por su maldita atención.
¿Qué tenía April Parker que no tuviesen las demás chicas?
¿Qué