MAYLA
—¡Te has dejado una mancha!— gritó una voz detrás de mí, lo que me hizo reír, asentir con la cabeza y pasarle la brocha al niño, haciéndole un gesto para que ocupara mi lugar en la pared de la clase.
—Inténtalo Louis. Seguro que se te da mucho mejor que a mí.
Se puso manos a la obra, salpicando la intensa pintura verde por toda la pared, asfixiándola, haciendo que goteara sobre la lona azul que estaba convenientemente colocada a nuestros pies.
Dejé a Louis con los otros niños que estaban