Cuando por fin volvió la luz, era de día y las pestañas de Waverly se abrieron de golpe. Estiró los brazos y trató de apagar la lámpara, que seguía encendida. Los papeles que estaban desparramados sobre su regazo la noche anterior estaban ahora bien colocados en la mesita de noche. ¿Qué había pasado? No recordaba haberse sentido cansada hasta el punto de quedarse dormida de forma inesperada, pero quizás sí.
Estiró el brazo para sentir el espacio a su lado. Estaba vacío. Miró para ver las sába