Capítulo 58 — Contrato de sangre
La muerte de la vidente no había calmado a Elena.
Seguía despierta por la noche, escuchando las respiraciones de sus hijos, comprobando que aún vivían. Cassian y Julian la veían consumirse, carcomida por una angustia que ya no lograba ocultar.
— Tenemos que hablar —dijo Julian una noche, mientras ella mecía a los gemelos.
— Habla —dijo Elena sin levantar la vista.
— La profecía. Te está devorando.
— No creo en ella.
— Dices que no crees, pero ya no duermes, ya n