Ella estaba en el fondo de la piscina, intentando desesperadamente subir a la superficie. La sujeté con fuerza, tirando de ella conmigo.
La piscina era profunda justo desde el punto donde ellas habían saltado. Pero tenía la parte poco profunda, que quedaba del otro lado. Fui caminando con Manzanita en brazos, sus manos todavía rodeándome el cuello, la respiración acelerada, como si aún buscara aire.
Carajo, ¿por qué no conseguía dejar de mirarla? ¿Por qué ella me miraba a mí? ¿Por qué me sentía