Cuando termino de vestirme, voy a la sala y me acomodo en el sofá grande, con mis pies descalzos arriba. Paso minutos presionando los botones del control de la pantalla, no encuentro nada interesante. Estoy por pagarla, cuando el ruido de una puerta es cerrada.
Giro la cabeza para ver por arriba del respaldo del sofá y fijo la mirada hacia el pequeño pasillo que dirige a la puerta principal de la habitación.
David aparece a los segundos. Abro un poco más los ojos, con asombro y también mi boca,