65. Seamos honestos
Kadir sentía que le sudaban las manos de los nervios en poco tiempo le hicieron pasar a la sala y mientras esperaba no dejaba de pensar en lo que estaba por decir, quizá iba a sonar muy loca la información que daría pero no quería postergarlo más de la cuenta.
No tuvo que esperar demasiado, pues aquel señor tenía no solo agradecimiento sino curiosidad, — Buenas noche jóven ¿Como está?
— Bien, disculpe la hora en que vengo.
— No se preocupe, en qué puedo servirle.
— Vengo a hablarle de Elsin,