Después de ver a Isabella, marché hacía mi habitación no tengo humor para hablar con nadie.
En la soledad de mi aposento que alguna vez perteneció a mi padre, con su corona, lloré. Sé que él ha pasado por esto más de una vez, admiro su fuerza y templanza para poder levantarse una y otra vez. Muchas personas dependen de mí, tengo que encontrar consuelo en ello, es lo único que me permite continuar.
Siento un gran dolor en mi pecho, que me deja sin aliento, mi corazón agoniza, no hay nada que p