Ante la actitud de su hijo, Sonia tuvo que llenarse de valentía, no quedaría frente a su propio hijo como una mujer perversa. Haciendo gala de sus dotes histriónicos, rompió en llanto.
—Estás siendo injusto conmigo, Esteban, muy injusto. Tu padre no era lo que siempre pensaste, un hombre que aparentaba ser correcto y bueno. No sabes cuantas veces sufrí por sus maltratos y su odio. —Esteban achica los ojos.
—¿Qué dices? ¿Quieres que te crea que mi padre te golpeaba?
—Así es, Esteban. ¡Te lo