Punto de vista de Mason
La lluvia en Londres no era un fenómeno meteorológico. Era una presencia constante.
Flotaba en el aire como una fina bruma plateada, cubriendo los ladrillos victorianos de Marylebone y convirtiendo las calles empedradas en espejos brillantes y relucientes. La ciudad tenía una humedad profunda que se te metía hasta los huesos, con un inconfundible olor a asfalto mojado, té Earl Grey y el humo de los autobuses rojos de dos pisos que retumbaban por Baker Street.
Era junio,