Odell aplicó mucha fuerza en su agarre.
Sylvia frunció el ceño, dolorida, e intentó apartarle la mano con fuerza. Por más que lo intentaba, las manos de él seguían aferradas a su cuello como si fueran unas esposas.
Ella empezó a gritar pidiendo ayuda: "¡Odell, suéltame!".
Odell resopló sin piedad. "Discúlpate".
Sylvia replicó: "Para empezar, nunca me equivoqué. Tú fuiste el primero que empezó a pellizcarme la cara, así que te pegué inconscientemente. También fuiste tú quien me puso e