Se quedó en su jardín, esperando la llegada de John y Sherry.
A su regreso, se aventuraron en el patio y rápidamente notaron a Caprice escondido en un rincón. Se apresuraron hacia ella.
—Caprice, ¿qué te trae por aquí? ¿No deberías estar durmiendo? —Preguntó Sherry, levantando a Caprice, cuyas piernas se habían puesto rígidas por la flexión prolongada.
Caprice abordó el asunto con prontitud.
—Mamá, papá, tengo algo que decirte.
Sherry, desconcertada, se preguntó por qué no podía esper