Sylvia y el niño atónito quedaron sorprendidos por el abrupto abrazo.
El cálido aliento del hombre le rozó la nuca mientras su voz profunda y resonante sonaba en sus oídos.
—¿Qué estabas haciendo ahí afuera hace un momento?
Los ojos de Sylvia se movieron nerviosamente. Ella tartamudeó:
—N-nada. No podía dormir, así que salí a buscar agua.
—¿No puedo dormir?
—Mm-hmm… —Sylvia tarareó una respuesta segura.
Al momento siguiente, se encontró envuelta en sus brazos. Su figura grande e