Sherry apretó los labios y decidió permanecer en silencio.
Cuando terminó de vendarse, ya era tarde en la noche. Agotada, se sentó en el coche, apoyada cansinamente en el asiento, anhelando un momento de sueño.
Sin embargo, el coche permaneció parado incluso después de pasar un tiempo considerable.
Sin poder resistirse, abrió los ojos y se encontró cara a cara con un par de llamativos ojos almendrados.
Carl se paró justo frente a ella, escudriñándola con una mano en la barbilla.
Sherry