"¿Cuál es la prisa? Tengo algo que hablar contigo". Sylvia se frotó las manos con avidez y crujió los nudillos provocativamente.
Su comportamiento sugerente le recordó a Tara aquella vez que fue atada en el asiento trasero del coche y fue abofeteada en la cara. Su rostro se puso blanco como una sábana y vaciló de miedo.
Sintiéndose cautelosa, le advirtió a Sylvia: "¿Qué intentas insinuar?".
Sylvia esbozó una sonrisa. "Se lo dijiste a Sonia y la instigaste a causar problemas en mi estudio,