Abracé al señor Bernard sintiendo ese calor de abuelito que me hacía falta.
-Ya, ya mi niña.
¿Qué fue lo que te hizo ese joven?
-Ay señor Bernard...
Él me mintió, me ha mentido todo este tiempo y yo... No sé si debería perdonarlo.
-¿Me quieres contar?
-Si...
Le conté todo al señor Bernard, al derecho y al revés, de principio a fin.
Cuando terminé, no hubo necesidad de preguntar, algo dentro de mí me decía que era lo que debía hacer.
-Por tu mirada, creo que ya tomaste una decisión.
-Si