Abracé al señor Bernard sintiendo ese calor de abuelito que me hacía falta.
-Ya, ya mi niña.
¿Qué fue lo que te hizo ese joven?
-Ay señor Bernard...
Él me mintió, me ha mentido todo este tiempo y yo... No sé si debería perdonarlo.
-¿Me quieres contar?
-Si...
Le conté todo al señor Bernard, al derecho y al revés, de principio a fin.
Cuando terminé, no hubo necesidad de preguntar, algo dentro de mí me decía que era lo que debía hacer.
-Por tu mirada, creo que ya tomaste una decisión.
-Si...
-Me alegra, aún así, creo que deberías hablar con su ex novia.
Si decides continuar con tu relación, es momento de ponerle un límite a esa mujer .
Será difícil, pero es lo mejor.
Y si no lo perdonas, ya bien deberías conocer la otra versión de la historia.
-...
Gracias por sus consejos señor Bernard.
-Es el equivalente a mi desayuno hija. Ja ja ja.
-Ja ja ja ja.
-Pero si yo fuera tú, lo perdonaba.
-Es usted un dulce.
Pasé toda la tarde en mi pastelería y los días pasaron.
Llegó e