Porque Helen daba miedo cuando se molestaba.
Muchísimo miedo.
Aun así…
El hombre decidió seguir insistiendo.
Error gravísimo.
—Solo quiero asegurarme de que descanses.
Helen sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
No.
Era exactamente esa sonrisa peligrosa que aparecía antes de dest