Esa frase, lo destruyó, completamente. Sus ojos se cerraron por un instante, incapaz de soportar el peso de esas palabras.
—Por eso le pedimos al tío Robert… —continuó la niña— que nos ayudara…
Alexander abrió los ojos de golpe.
Robert.
—Le dijimos que fuera por Helen… —la voz de Amelia temb