Fue como un golpe en las mejillas de Danika. Las lágrimas le picaban en los ojos, pero parpadeó con fuerza para evitarlo.
“Sabes lo imposible que es eso. Si tanto lo amas, ¿por qué le deseas un dolor tan grande matando a su único hijo? Sabiendo perfectamente que no puede procrear otro”.
Silencio. Durante unos segundos, el silencio fue ensordecedor.
Entonces, Vetta se levantó del suelo, sentándose con la espalda apoyada en la fría pared, con la mirada llena de odio sosteniendo la de Danika. “¿