Di un paso atrás, atónita, sacudiendo la cabeza. Eso es imposible. Sé que me estás mintiendo.
“Mis palabras se demostrarán cuando el anciano o alguna otra persona salga del almacén y anuncie la fecha de nuestra boda”, comentó con seguridad, con la felicidad reflejada en sus ojos.
Las lágrimas amenazaban con asomar en mis ojos, pero las contuve: «Cole no se casará contigo. Tiene a Robin y a Ruby. Las ama. Yo soy su alma gemela…».
Ella me interrumpió. «Tú también eras su alma gemela aquel día cua