44. Lista para enfrentar
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Zaira
Gabriel vino a buscarme, y en cuanto lo hizo, se quedó estático en la puerta. Sus ojos recorrían cada centímetro de mi cuerpo con tal intensidad que me sentí nerviosa, como si su mirada pudiera desnudar más que mi vestido. No dijo nada al principio, y el silencio se alargó tanto que me moví incómoda en mi lugar, tratando de escapar de esa tensión que él creaba con tanta facilidad.
—¿Bajamos? —murmuré, intentando sacarlo de su trance.
Pero sus siguientes palabras me golpearon como un