47. Deberias tener miedo
Jann lo lleva a su casa, esperando que su mal humor se le quite después de una buena siesta.
—Señor, bienvenido a casa —lo recibe el mayordomo.
—Wilfret, ¿alguna novedad? —le pregunta dejándose caer sobre el sillón.
—Un paquete ha llegado para usted esta mañana —le entrega un sobre— ¿desea algo para tomar?
—Tráele un café, ha tomado demasiado —Jann se adelanta sentándose frente a él.
—Pensé que te irías al dejarme aquí —gruñe molesto.
—Era lo planeado, pero quiero saber que te han enviado —se i