— No es para reírse. — Refunfuñé irritada.
¿Creía que eso era una broma? Solo de recordar las tantas cosas que estaba ocultando a papá, mi conciencia me destrozaba, especialmente después de mi casi muerte.
— ¿Por eso tienes peso en la conciencia, mi ángel? — Me preguntó, como si fuera una broma. — Honestamente, mi angelito, amo tu manera metódica de pensar. — Se rió.
Le daría un codazo si pudiera ejercer mucha fuerza. Pero como no podía, hice un mohín, mirándolo con los ojos entrecerrados.