Tras ser medicada y haber pasado toda la mañana en reposo en la cama, había finalmente convencido a Dominic de que me encontraba mucho mejor. No es que eso hubiera cambiado mucho.
Después de todo, yo seguía en la cama.
Dominic se había vuelto tan obsesivo con mi salud desde ayer que no me había dejado levantarme de la cama ni siquiera para ver a nuestros bebés. Tanto que se aseguró de cargarme en sus brazos como si fuera de cristal.
Y al principio no niego que me gustó su cuidado, pero ahor