Pero, de todas formas, después de algunas largas noches de convencimiento con medios de los que no me enorgullecía, había conseguido lo que quería de Dominic. Y ahora aquí estábamos: yo, Isabella y Celma, sentadas en una mesa mientras en una esquina más distante Laura estaba leyendo un libro de recetas.
Laura había perdido la apuesta que había hecho conmigo sobre cuál era el sexo del bebé de Débora. Y ahora tendría que aprender a hacer acarajé sola. Algo que me pareció muy gracioso.
— ¿Te sie