— Sí, son dóciles. — Dominic estuvo de acuerdo, pero había un brillo malvado en sus ojos.
— Solo con vosotros son así, tanto que ni parece que su alimento preferido sea tan exótico. — Máximus habló de repente en tono desagradable. — Estos perros son unos demonios, Luisa.
Parecía tan convencido de sus palabras sobre los perros y tan asqueado de ellos que me giré para mirar a Dominic con curiosidad.
— ¿Cuál es su alimento preferido? — Pregunté en tono cauteloso, con desconfianza.
— Carne. — Domin