Capítulo Treinta y tres

KARINA

Me quedé mirando la carta durante lo que pareció una eternidad, pero las palabras se negaban a cambiar.

No importaba cuántas veces la releía, el significado seguía siendo el mismo.

Alguien sabía.

Alguien sabía que yo no era la verdadera Karina.

Mis dedos se apretaron alrededor del papel hasta que se arrugó ligeramente en los bordes. Un escalofrío frío me recorrió la columna, dejando la piel de gallina. Mi pecho subía y bajaba con rapidez, como si la habitación hubiera perdido todo el air
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