Ella había estado observando sus ojos durante tres semanas.
No de manera conspicua; nunca era evidente con las cosas que observaba, habiendo aprendido en su primera vida que la observación era más útil cuando permanecía invisible. Había estado vigilando la forma en que los ojos de él se movían cuando ella entraba en una habitación, en qué color se posaban por más tiempo antes de que él controlara la mirada, y qué cualidad específica de la luz hacía que ese asentamiento durara una fracción de se