Juana, sintiéndose furiosa e impotente al ver cómo su ama era vilmente maltratada, dijo algunas palabras que Isabella se abstuvo de decir debido a su educación.
Pero ella, una simple criada grosera que no tenía miedo alguno ni tranca en la lengua dijo:
—Incluso yo, una criada humilde, entiendo los principios de la cortesía y buena educación, de la justicia, de la integridad y de la vergüenza también. Sin embargo, tú, como la general, te enredas con los maridos de otras en el campo de batalla y