AVA
No puedo creer lo que ven mis ojos, la mujer con un cabello largo y rubio como el oro, un par de ojos grises como los míos, solo que en ellos se ve un largo recorrido, de tez clara, alta, vestida tan elegante, con un vestido blanco como la nieva, ajustado, pero de cuello alto, sin mangas, y con un ligero lazo negro que divide la cintura, es mi madre, lo es, la reconocería hasta con los ojos cerrados, eso es sin duda algo…
—Imposible, ¿cierto? —su voz es dulce, tal y como la recordaba.
Las