Aparentaba tener unos ocho o nueve años, pelo largo y negro que le llegaba a los hombros, un lazo rosa en la cabeza y ojos serenos como uvas.
Parecía imperturbable por los comentarios que la rodeaban. Permaneció tranquila y no ponía expresiones innecesarias en su rostro. Aunque pareciera tener solo ocho o nueve años, su mirada pertenecía a una niña diez años mayor.
Adina la miró fijamente un poco más, y cuanto más miraba, más quería seguir mirándola.
Por alguna razón, esta niña le parecía