Adina se levantó lentamente, caminó hasta la puerta del balcón y la cerró.
Se dirigió al baño y encendió la luz. Cuando se miró en el espejo, vio que su cara y su camisola blancas como la nieve estaban cubiertas de sangre.
Sus ojos estaban inyectados en sangre y tenía el pelo despeinado. Parecía alguien que acababa de salir del infierno.
'¿Cómo quedé así...?'.
Bajó la cabeza y se lavó la cara con el agua fría del grifo. Solo entonces se le aclaró la mente.
Volvió a la cama para cambiar la