"Addy, ¿no estabas en el hospital? ¿Por qué regresaste tan rápido?".
Mabel se cambió de zapatos y saludó a Adina mientras le agarraba la mano, como de costumbre. Se sorprendió cuando tocó su mano. "¿Por qué tienes las manos tan frías? Necesitas más ropa. No te enfermes. Ven, vamos arriba a buscarte un abrigo".
Adina apartó su mano.
Las brillantes luces de la sala iluminaron su rostro. Su mirada indiferente, sus ojos inyectados en sangre y la mueca de desprecio en la comisura de sus labios era