No podía evitar sentir decepción al alejarme a la persona que siempre me cuidaba.
Pero ahora ya no tenía derecho de pedir el cariño de Martín.
Dejé el teléfono a un lado y me repetía constantemente que él había encontrado a la chica que le gustaba, y debería estar feliz por él. Pero no sentí ni una pizca de felicidad.
Incluso hasta ese momento no entendí por qué estaba tan triste. Me engañaba a mí misma diciéndome que tarde o temprano Martín tendría una novia. Lo que pasaba era que todo sucedió