—Déjame… —le dice ella dándole un manotazo para que se aleje, pero Nathan no le hace caso, porque la expresión de dolor en el rostro es evidente.
—Mía, ¿eso fue una contracción? —le dice ayudándola a llegar a una silla y sacando su teléfono.
—Noooo, sólo es una manera nueva de ejercitar la panza… —le dice ella con evidente sarcasmo—. ¡Claro que fue una contracción y es tu culpa! ¡Me había sentido de maravilla y ahora este niño se va a adelantar por tu culpa!
—Yo no quería… —pero él mismo se int