Mary suspiró. "Bien, la dejaré aquí. Si tienes ganas de comer, dímelo. Por cierto, déjame echar un vistazo al cojín en el que estás sentada. Antes de que el Señor se fuera, me pidió que lo revisara por temor a que pudieras sufrir una hemorragia...".
Arianne se sintió un poco incómoda. En tales circunstancias, no podía darse el lujo de ser tímida o avergonzada. Necesitaba permitir que los demás tuvieran el privilegio de ver su parte más íntima, dado que no podía hacer nada por sí misma. Una pers