Sin previo aviso, la voz de una mujer sonó débilmente desde la oficina de Mark Tremont. “¡Hmph! Dijiste que no estabas libre, ¡pero ni siquiera estás ocupado! Vi una bolsa que me gusta –no, una bolsa que me encanta. Cómpramela, ¿de acuerdo?”
Arianne Wynn tenía el aliento atrapado en la garganta, como si alguien la estuviera ahogando.
No escuchó si Mark Tremont respondió algo.
Muy pronto, la mujer salió. Al encontrarse las miradas, Arianne se asombró ya que era la misma mujer a la que vio en el a