Al otro lado del teléfono, Alejandro se apresuraba a casa mientras gritaba: "No la escuches; ¡Dile a los guardias que hagan lo suyo! ¡Ya voy de prisa a casa!".
Las palabras de Alejandro fueron la inyección de confianza que necesitaba la niñera. Inmediatamente abrió la ventana y gritó: “¡Protejan a la Señora! Tomen represalias contra quien la golpeó: ¡esta es la orden de nuestro jefe! ¡Él está de regreso a casa mientras hablamos!".
Los guardias actuaron instantáneamente. Se apresuraron hacia la