Kyle tarareaba su canción favorita cuando, al entrar al edificio de Mortana, se dirigió a la recepción con su secretaria, quien iba a confirmar la cita cuando la vio.
La única mujer en la que había pensado desde la primera vez que la vio, la única razón por la que había venido a la empresa, estaba allí, de pie en el vestíbulo escuchando a un hombre. No pudo evitar mirarla.
Su rostro inocente y frágil, su pequeña sonrisa suave capaz de derretir un alma… estaba perdido en su encanto.
—Señor,