Al llegar a la sala de estar, se quedó paralizada al ver quién era. Su corazón comenzó a acelerarse. Se había olvidado de él y allí estaba, de pie frente a ella con un ramo de rosas.
—¿Victor?
—Hey, Alice —dijo él sonriendo frente a ella, pero Alice no le devolvió la sonrisa.
—¿Qué haces aquí?
—Uh...
—¿Por qué no me dijiste que vendrías? —preguntó sin dejarlo hablar.
—Quería avisarte, pero no contestabas mis llamadas ni respondías mis mensajes.
—Deberías saber que es porque estoy ocupad